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La Asimilación Americana
| Libertad
Digital.es hace una reflexión clave sobre la inmigración
indiscriminada y la necesidad de proteger a Estados Unidos de este proceso.
La amnistía ha muerto. Ahora, hablemos de la otra palabra que empieza
por "a". Es una palabra y un concepto que se olvidaron por completo
durante el debate de la inmigración: asimilación. Durante
el año pasado, cientos de miles de inmigrantes ilegales se manifestaron
por las calles presionando a favor de la amnistía. Los manifestantes llevaban
con una mano pancartas que decían, en español, "¡Amnistía
Ahora!", y con la otra agitaban las banderas de sus países natales.
Los estrategas que apoyan las fronteras abiertas sustituyeron rápidamente
las banderas extranjeras por la bandera norteamericana después de que aquello
provocara una repercusión negativa en la opinión pública.
Los periódicos nacionales hicieron el papel de sumisos propagandistas y
publicaron las correspondientes fotografías patrióticas de masas
"indocumentadas" envueltas de rojo, blanco y azul, para así despertar
simpatías. Pero ahora que han perdido la batalla por
la amnistía, ¿se seguirán adhiriendo a los símbolos
y tradiciones norteamericanas? ¿O era todo teatro? ¿Y qué
será de todas esas afirmaciones de que los inmigrantes ilegales están
dispuestos a estudiar ciudadanía y educación cívica? ¿Y
estudiar inglés? ¿Por qué deben ser sobornados
con la promesa de un visado de trabajador temporal invitado y un masivo perdón
gubernamental para que se adapten a nuestro estilo de vida? ¿Cuándo
se convirtió la asimilación en un medio y no en un fin en sí
mismo? El punto de la inflexión se puede quizá
remontar al momento en que se les permitió a los políticos invocar
el tópico de "Estados Unidos es una nación de inmigrantes"
como justificación sin sentido a las fronteras abiertas. El hecho es que
no somos una "nación de inmigrantes". Esto es tanto un dato erróneo
como un non sequitur destinado a hacerte quedar bien cuando lo dices.
El 85% de los residentes en los Estados Unidos nació en el país.
Claro que casi todos somos descendientes de inmigrantes. Pero no somos una "nación
de inmigrantes". (A propósito, ¿no resulta
curioso ver lo insensibles que se vuelven de pronto todos los multiculturalistas
políticamente correctos que afirman que somos "nación
de inmigrantes" con los indios nativos americanos, los nativos de Alaska,
los nativos hawaianos y los descendientes de los esclavos negros que "no
inmigraron" aquí en el sentido habitual del término?)
Pero incluso si fuera cierto que somos una "nación de
inmigrantes", eso no explicaría por qué debemos estar en contra
de un control sensato de la inmigración. Y si los abogados de
las fronteras abiertas realmente leyeran la historia norteamericana en lugar de
reescribirla, verían que los padres fundadores pusieron un gran énfasis
en la necesidad de proteger el país contra la inmigración masiva
indiscriminada. Insistieron en la asimilación como condición previa,
no como una ocurrencia adicional. El historiador John Fonte ha recopilado su sabiduría:
- George
Washington, en una carta a John Adams, indicaba que los inmigrantes debían
ser integrados en la sociedad norteamericana de modo que "gracias a una mezcla
con nuestra gente, ellos o sus descendientes consigan asimilar nuestras costumbres,
medidas, leyes; en una palabra, convertirse pronto en una unidad".
- En
una intervención en 1790 frente al Congreso acerca de la naturalización
de los inmigrantes, James Madison indicó que Estados Unidos debería
dar la bienvenida al inmigrante que pudiera integrarse, pero excluir al que no
pudiera "incorporarse fácilmente a nuestra sociedad".
- Alexander
Hamilton escribió en 1802: "La seguridad de una república
depende esencialmente del vigor de un sentimiento nacional común; de su
uniformidad en principios y costumbres; de ciudadanos exentos de las
inclinaciones y prejuicios foráneos; y de ese amor a la patria que se encontrará
casi invariablemente estrechamente vinculado al nacimiento, la educación
y la familia".
- Hamilton
fue aún más lejos al advertir que "los Estados Unidos
ya han sentido los males de incorporar a una gran cantidad de extranjeros a su
masa nacional; por promover en diferentes clases distintas predilecciones en beneficio
de naciones extranjeras concretas, y antipatías contra otras; ello ha servido
para dividir a la comunidad y distraer a nuestros consejos. A menudo, probablemente
inclinándose a comprometer los intereses de nuestro propio país
en favor de otros. El efecto permanente de tal política será que,
en tiempos de gran peligro público, siempre habrá una entidad numerosa
de hombres de quienes sólo habrá motivos de desconfianza; el recelo
solamente debilitará la fuerza de la nación, pero su fuerza podría
ser empleada realmente en ayuda de un invasor."
- La
supervivencia de la república norteamericana, afirmó Hamilton, dependía
"de la preservación de un espíritu y de un carácter
nacionales". "Admitir a extranjeros de forma indiscriminada con derechos
como ciudadanos desde el momento en que ponen un pie en nuestro país equivaldría
a admitir cierto caballo griego en el reducto de nuestra libertad y soberanía."
No
somos una nación de inmigrantes. Somos antes que nada una nación
de leyes. La Constitución de los Estados Unidos no dice que el deber supremo
del Gobierno sea "celebrar la diversidad", "adoptar el multiculturalismo",
o dar un empleo a "cada trabajador dispuesto" que haya en el mundo.
El Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos dice que la
Constitución se estableció con el fin de "proveer la defensa
común, promover el bienestar general y garantizar los beneficios de la
libertad". Como reconocieron nuestros padres fundadores, satisfacer
estos deberes fundamentales es imposible sin un sistema ordenado de inmigración
y entrada al país que discrimine a favor de aquellos que, en palabras de
George Washington, "consigan asimilarse a nuestras costumbres, medidas
y leyes". Ahora que acabamos de celebrar nuestro
día de la Independencia, para que no haya ninguna duda sobre los peligros
de hacer caso omiso del consejo de los padres fundadores, le invito a contemplar
el cráter de la Zona Cero. "La seguridad de la república"
está realmente en juego.
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